jueves, 29 de abril de 2010
La Web 2.0 llega a la Feria del Libro de la mano de Clarín Blogs
La web participativa estará presente en la Feria del Libro.
El auge de las Redes Sociales, las nuevas tecnologías, los blogs y su relación con la literatura serán el centro del debate en el tercer ciclo de charlas organizadas por Clarín Blogs para la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. También habrá un espacio para el debate sobre el comercio electrónico como nuevo modo de acceso a los libros.
El ciclo contará con tres charlas y, en cada una de ellas, se conversará sobre nuevas tecnologías. La primera, se realizará hoy a las 19 en el stand de la Revista Ñ y se hablará de "Los libros en el mundo de Internet".
Los panelistas invitados para esta primera charla son: Germán Echeverría, Director de Autoresdeargentina.com; Gustavo Vorobechik, Director de Bibliografika.com; Darío Wainer, Fundador de Tematika.com, y José Luis Castro, vendedor de MásOportunidades.com. La coordinación estará a cargo de Patricia Jebsen, Vicepresidenta de la Cámara Argentina de Comercio Electrónico, y Gerente de Negocios y Operaciones de Clarín Global.
La mesa "Blogs y literatura", que se realizará el viernes 30 a las 19, contará con la participación de Miguel Wiñazki, Secretario de Redacción de Clarín y autor del blog Hogueras; Margarita García, escritora; Alfredo Jaramillo, Licenciado en Comunicación social, blogger y profesor de la Universidad de Quilmes, y Nicolás Zamorano, autor de la blogonovela "Yo, adolescente".
Bajo la consigna "Blogs, Twitter, Facebook y la movilización ciudadana", el miércoles 5 a las 19 debatirán Federico Wiemeyer, conductor de TN Tecno y autor del blog Internet; Débora Fiore, Coordinadora de Comunicación de Fundación Huésped, e Iván Adaime, docente de Nuevos Medios en la Universidad de Buenos Aires.
Durante las últimas dos ediciones de la Feria del Libro, Clarín Blogs, la comunidad de blogs más importante del país, abrió el debate sobre el uso de las nuevas tecnologías y organizó 15 encuentros de este tipo con 45 disertantes invitados y más de 2.000 asistentes.
Fuentes: Diario Clarin
El auge de las Redes Sociales, las nuevas tecnologías, los blogs y su relación con la literatura serán el centro del debate en el tercer ciclo de charlas organizadas por Clarín Blogs para la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. También habrá un espacio para el debate sobre el comercio electrónico como nuevo modo de acceso a los libros.
El ciclo contará con tres charlas y, en cada una de ellas, se conversará sobre nuevas tecnologías. La primera, se realizará hoy a las 19 en el stand de la Revista Ñ y se hablará de "Los libros en el mundo de Internet".
Los panelistas invitados para esta primera charla son: Germán Echeverría, Director de Autoresdeargentina.com; Gustavo Vorobechik, Director de Bibliografika.com; Darío Wainer, Fundador de Tematika.com, y José Luis Castro, vendedor de MásOportunidades.com. La coordinación estará a cargo de Patricia Jebsen, Vicepresidenta de la Cámara Argentina de Comercio Electrónico, y Gerente de Negocios y Operaciones de Clarín Global.
La mesa "Blogs y literatura", que se realizará el viernes 30 a las 19, contará con la participación de Miguel Wiñazki, Secretario de Redacción de Clarín y autor del blog Hogueras; Margarita García, escritora; Alfredo Jaramillo, Licenciado en Comunicación social, blogger y profesor de la Universidad de Quilmes, y Nicolás Zamorano, autor de la blogonovela "Yo, adolescente".
Bajo la consigna "Blogs, Twitter, Facebook y la movilización ciudadana", el miércoles 5 a las 19 debatirán Federico Wiemeyer, conductor de TN Tecno y autor del blog Internet; Débora Fiore, Coordinadora de Comunicación de Fundación Huésped, e Iván Adaime, docente de Nuevos Medios en la Universidad de Buenos Aires.
Durante las últimas dos ediciones de la Feria del Libro, Clarín Blogs, la comunidad de blogs más importante del país, abrió el debate sobre el uso de las nuevas tecnologías y organizó 15 encuentros de este tipo con 45 disertantes invitados y más de 2.000 asistentes.
Fuentes: Diario Clarin
martes, 27 de abril de 2010
lunes, 26 de abril de 2010
Paul Capriotti
Paul Capriotti es Doctor en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Autónoma de Barcelona (España). Es Profesor de la Universidad Rovira i Virgili (Tarragona, España). Ha sido profesor y Director del Departamento de Comunicación Corporativa de la Universidad de Vic. Antes de trabajar en la Universidad, fue Consultor de Estrategias de Imagen y Comunicación Corporativa. Ha trabajado para el Ayuntamiento de Barcelona (Departamento de Cultura) en el desarrollo de la marca Barcelona, ciudad de museos. Antes de ello, fue Brand Communication Manager de Epson Ibérica, y miembro del Brand Management Teamwork de Epson Europe y de Seiko Epson Corporation Worldwide. Ha publicado diversos artículos, capítulos de libros y 3 libros: Imagen de Empresa (1992), Planificación Estratégica de la Imagen Corporativa (1999) y La Marca Corporativa (2005). Es vice-presidente de la Asociación de Investigadores en Relaciones Públicas (AIRP). Es Profesor Invitado en diferentes universidades españolas y latinoamericanas.
viernes, 23 de abril de 2010
La Comunicación
El funcionamiento de las sociedades humanas es posible gracias a la comunicación. Esta consiste en el intercambio de mensajes entre los individuos.
Desde un punto de vista técnico se entiende por comunicación el hecho que un determinado mensaje originado en el punto A llegue a otro punto determinado B, distante del anterior en el espacio o en el tiempo. La comunicación implica la transmisión de una determinada información.
Desde un punto de vista técnico se entiende por comunicación el hecho que un determinado mensaje originado en el punto A llegue a otro punto determinado B, distante del anterior en el espacio o en el tiempo. La comunicación implica la transmisión de una determinada información.
jueves, 22 de abril de 2010
METODOS INNOVADORES
Hace más de un cuarto de siglo que soy profesor titular de filosofía del CBC de la Universidad de Buenos Aires. Coordino un grupo de docentes que se hace cargo de comisiones de alrededor de cien alumnos cada una. Los estudiantes vienen de la secundaria. Por razones que ya no importan, derivadas de arreglos políticos entre decanos de otras épocas, la mayoría de los estudiantes que cursan la materia, además de los aspirantes a estudiar filosofía y literatura, son ingresantes a las carreras de diseño y arquitectura. Nosotros los profesores de filosofía enseñamos Platón, Descartes, Kant, Foucault, es decir, a esos escritores de prosa llamados filósofos. Hay variaciones por las que mechamos el programa con autores de otros géneros como Kafka, Borges, Huxley o Primo Levi.
Los alumnos por lo general provienen de casas con poca o ninguna biblioteca. Es un milagro encontrarse con un alumno lector. Cuando escriben por lo general lo hacen con un vocabulario básico. Sin embargo, lejos estoy de escandalizarme con las faltas de ortografía y errores de sintaxis que espantan a los especialistas en pedagogía y motivan las inquietudes de semiólogos que andan por los pasillos juntando firmas para multiplicar los talleres de escritura.
La corporación pedagógica es a la única que le va bien en materia educativa. En todos los niveles hay estancamiento y deterioro padecidos por estudiantes y maestros mientras mejor les va a los pedagogos. Cada vez tenemos mejor pedagogía y peor enseñanza, más especialistas en conocer a los alumnos y su medio ambiente y profesores más desanimados.
Pero yo también he tenido mi momento de iluminación pedagógica, que además es válido para la secundaria, y en una ocasión se lo he transmitido a colegas y alumnos. Parto de la situación de que una vez en el aula, el profesor comienza con un diálogo de Platón y el estudiante mira al frente y escucha las palabras “sofista”, “Atenas”, “reminiscencia”, “apología”. Me dije que hay un problema más allá de la nota de los parciales. No se puede dar clases si a nadie le interesa lo que se dice. Es una tortura. Tampoco se puede sostener un curso hablando como un zombie. Los años pasan y las ganas de trabajar ni siquiera se recuerdan. Es necesario un poco de entusiasmo por lo que se hace. No hay mejor método pedagógico que transmitirle a los alumnos los textos que uno ama. Para eso hay que amar. De ver tanto amor de parte del profesor, el estudiante puede llegar a preguntarse de dónde viene esa pasión.
Es muy difícil que un adolescente de 18 años entienda algo del mundo de la filosofía cuando se lo meten seco en la cabeza, sin vaselina y con horario. Por eso me dije que hay que encontrar la falla antes de que los pedagogos, los semiólogos y los psicólogos se lleven lo poco que queda.
Pensé en el problema y di mi diagnóstico inspirado por mis maestros de la filosofía: el problema es que profesores y alumnos no tenemos un mundo en común. En mis épocas de estudiante secundario, por ejemplo, existía ese mundo. Ningún miembro de clase media dudaba de que “había que estudiar” y terminar la secundaria. Era así. El mundo era así. Estaban de acuerdo los padres, los profesores, la sociedad en su conjunto. Era un deber estudiar para luego trabajar. Se podía sacar buenas o malas notas, hacerse la rata o quedarse libre, pero el código se establecía para todos.
Hoy este código está pinchado. No se sabe muy bien por qué se está en donde se está. En un reportaje realizado en Francia que leí hace años preguntaban a los alumnos de un liceo qué utilidad le veían a las materias relacionadas con los estudios sociales. El informe cotejaba las respuestas con otras dadas por generaciones anteriores en que se respondía que era para mejor informarse de los conflictos de la sociedad, para transformar y mejorar el estado de cosas, porque se tenía intenciones de ejercer la abogacía y ampliar las miras de comprensión, porque se era comunista o católico, etc. En este caso la nueva camada respondía que de no interesarse en los problemas sociales no veían de qué podía vivir el profesor.
Esto va por la pinchazón del código. Me dispuse a construir este mundo en común. Lo diré un poco a los apurones. Lo común es la actualidad. En cada clase el aula se distribuye en grupos divididos de acuerdo con las secciones de los diarios. Los periódicos son los tres o cuatro más conocidos. Un grupo se ocupa de política internacional, otro de economía, otro de policiales, otro de ciencias, otro de política nacional, sobre medios, ninguno de deportes, otro de modas, artes y así en más. Cada grupo informa sobre las novedades del día. Sobre esa base se hace un seguimiento y una investigación que incluye información respaldada por los buscadores de Internet completada por la radial y televisiva. Habrá grupos que siguen el tema de los terremotos, sobre el régimen penal, otros el de las jubilaciones en la Argentina, sobre el arroyo Maldonado, sobre las discusiones en el Congreso, el dengue y los que vayan apareciendo.
Esto en la primera hora de todas las clases. El profesor hace de Sócrates. Interroga, estimula, inquieta, propone nuevas vías de investigación, coteja versiones de una misma noticia, provoca discusiones y escucha los informes. En la segunda hora abrimos un diálogo de Platón para tratar de comprender a quiénes les hablaba el filósofo, por qué lo hacía, contra quiénes pensaba, qué finalidad perseguía, en qué mundo vivía. Es decir, la actualidad ateniense.
Cuando hablé de estas ideas en una de las clases del CBC y en alguna reunión docente, me encontré con dos problemas. Uno era que los profesores sólo leían un diario porque odiaban a los otros. No estaban en condiciones socráticas de multiplicar los puntos de vista ya que estaban “comprometidos con una visión del mundo” y un solo periódico. El otro comenzó cuando uno de los alumnos se levantó de su silla y me dijo que no venía a la universidad a leer los diarios porque eso podía hacerlo en el colectivo. Le pregunté qué diarios leía, me respondió que no le interesaba leer diarios. Le pregunté por qué había sido aplazado en el primer parcial si venía a la universidad a estudiar la materia. No me dijo nada.
Me di cuenta de que el camino no era llano. Pero me gusta la idea. Cuando leo estos días que hay planes de entregar computadoras a los colegios, distribuirlas entre los chicos, o entre los maestros, de esta u otra marca, con tal memoria o más memoria, con tales programas, software, y adiestramiento para docentes, me dije que no estaría mal preguntarse qué hacer con ellas además de aprender a usarlas.
La Web es extraordinaria. Hoy una clase de historia puede ser una maravilla de imágenes introductorias o paralelas a la lectura de textos. No se necesitan más mapas de tela pinchados en un pizarrón y un profesor de geografía con un puntero diciéndonos que el Ganges pasa por Vanarasi y tiene un kilómetro de ancho, menos que el Orinoco. La memoria deja de ser un almacén de ramos generales y puede despertarse la imaginación. La información viene con diversión y la curiosidad se estimula. Además de apreciar que el mundo en común puede ser algo fantástico, una permanente renovación, y así permitir que un proyecto educativo cumpla con su tarea, tal como decía el filósofo y pedagogo John Dewey: “Un proyecto educativo tiene la misión de que la gente siga educándose por sí misma”.
Fuente: Blogs Federico rey Lennon
Los alumnos por lo general provienen de casas con poca o ninguna biblioteca. Es un milagro encontrarse con un alumno lector. Cuando escriben por lo general lo hacen con un vocabulario básico. Sin embargo, lejos estoy de escandalizarme con las faltas de ortografía y errores de sintaxis que espantan a los especialistas en pedagogía y motivan las inquietudes de semiólogos que andan por los pasillos juntando firmas para multiplicar los talleres de escritura.
La corporación pedagógica es a la única que le va bien en materia educativa. En todos los niveles hay estancamiento y deterioro padecidos por estudiantes y maestros mientras mejor les va a los pedagogos. Cada vez tenemos mejor pedagogía y peor enseñanza, más especialistas en conocer a los alumnos y su medio ambiente y profesores más desanimados.
Pero yo también he tenido mi momento de iluminación pedagógica, que además es válido para la secundaria, y en una ocasión se lo he transmitido a colegas y alumnos. Parto de la situación de que una vez en el aula, el profesor comienza con un diálogo de Platón y el estudiante mira al frente y escucha las palabras “sofista”, “Atenas”, “reminiscencia”, “apología”. Me dije que hay un problema más allá de la nota de los parciales. No se puede dar clases si a nadie le interesa lo que se dice. Es una tortura. Tampoco se puede sostener un curso hablando como un zombie. Los años pasan y las ganas de trabajar ni siquiera se recuerdan. Es necesario un poco de entusiasmo por lo que se hace. No hay mejor método pedagógico que transmitirle a los alumnos los textos que uno ama. Para eso hay que amar. De ver tanto amor de parte del profesor, el estudiante puede llegar a preguntarse de dónde viene esa pasión.
Es muy difícil que un adolescente de 18 años entienda algo del mundo de la filosofía cuando se lo meten seco en la cabeza, sin vaselina y con horario. Por eso me dije que hay que encontrar la falla antes de que los pedagogos, los semiólogos y los psicólogos se lleven lo poco que queda.
Pensé en el problema y di mi diagnóstico inspirado por mis maestros de la filosofía: el problema es que profesores y alumnos no tenemos un mundo en común. En mis épocas de estudiante secundario, por ejemplo, existía ese mundo. Ningún miembro de clase media dudaba de que “había que estudiar” y terminar la secundaria. Era así. El mundo era así. Estaban de acuerdo los padres, los profesores, la sociedad en su conjunto. Era un deber estudiar para luego trabajar. Se podía sacar buenas o malas notas, hacerse la rata o quedarse libre, pero el código se establecía para todos.
Hoy este código está pinchado. No se sabe muy bien por qué se está en donde se está. En un reportaje realizado en Francia que leí hace años preguntaban a los alumnos de un liceo qué utilidad le veían a las materias relacionadas con los estudios sociales. El informe cotejaba las respuestas con otras dadas por generaciones anteriores en que se respondía que era para mejor informarse de los conflictos de la sociedad, para transformar y mejorar el estado de cosas, porque se tenía intenciones de ejercer la abogacía y ampliar las miras de comprensión, porque se era comunista o católico, etc. En este caso la nueva camada respondía que de no interesarse en los problemas sociales no veían de qué podía vivir el profesor.
Esto va por la pinchazón del código. Me dispuse a construir este mundo en común. Lo diré un poco a los apurones. Lo común es la actualidad. En cada clase el aula se distribuye en grupos divididos de acuerdo con las secciones de los diarios. Los periódicos son los tres o cuatro más conocidos. Un grupo se ocupa de política internacional, otro de economía, otro de policiales, otro de ciencias, otro de política nacional, sobre medios, ninguno de deportes, otro de modas, artes y así en más. Cada grupo informa sobre las novedades del día. Sobre esa base se hace un seguimiento y una investigación que incluye información respaldada por los buscadores de Internet completada por la radial y televisiva. Habrá grupos que siguen el tema de los terremotos, sobre el régimen penal, otros el de las jubilaciones en la Argentina, sobre el arroyo Maldonado, sobre las discusiones en el Congreso, el dengue y los que vayan apareciendo.
Esto en la primera hora de todas las clases. El profesor hace de Sócrates. Interroga, estimula, inquieta, propone nuevas vías de investigación, coteja versiones de una misma noticia, provoca discusiones y escucha los informes. En la segunda hora abrimos un diálogo de Platón para tratar de comprender a quiénes les hablaba el filósofo, por qué lo hacía, contra quiénes pensaba, qué finalidad perseguía, en qué mundo vivía. Es decir, la actualidad ateniense.
Cuando hablé de estas ideas en una de las clases del CBC y en alguna reunión docente, me encontré con dos problemas. Uno era que los profesores sólo leían un diario porque odiaban a los otros. No estaban en condiciones socráticas de multiplicar los puntos de vista ya que estaban “comprometidos con una visión del mundo” y un solo periódico. El otro comenzó cuando uno de los alumnos se levantó de su silla y me dijo que no venía a la universidad a leer los diarios porque eso podía hacerlo en el colectivo. Le pregunté qué diarios leía, me respondió que no le interesaba leer diarios. Le pregunté por qué había sido aplazado en el primer parcial si venía a la universidad a estudiar la materia. No me dijo nada.
Me di cuenta de que el camino no era llano. Pero me gusta la idea. Cuando leo estos días que hay planes de entregar computadoras a los colegios, distribuirlas entre los chicos, o entre los maestros, de esta u otra marca, con tal memoria o más memoria, con tales programas, software, y adiestramiento para docentes, me dije que no estaría mal preguntarse qué hacer con ellas además de aprender a usarlas.
La Web es extraordinaria. Hoy una clase de historia puede ser una maravilla de imágenes introductorias o paralelas a la lectura de textos. No se necesitan más mapas de tela pinchados en un pizarrón y un profesor de geografía con un puntero diciéndonos que el Ganges pasa por Vanarasi y tiene un kilómetro de ancho, menos que el Orinoco. La memoria deja de ser un almacén de ramos generales y puede despertarse la imaginación. La información viene con diversión y la curiosidad se estimula. Además de apreciar que el mundo en común puede ser algo fantástico, una permanente renovación, y así permitir que un proyecto educativo cumpla con su tarea, tal como decía el filósofo y pedagogo John Dewey: “Un proyecto educativo tiene la misión de que la gente siga educándose por sí misma”.
Fuente: Blogs Federico rey Lennon
Comunicación Interna
LA COMUNICACIÓN AL INTERIOR DE LAS ORGANIZACIONES: UN FACTOR CLAVE EN SU DESARROLLO ESTRATÉGICO.
Piñuel señala que “la comunicación al interior de la empresa o institución es, pues, consustancial con la organización; sin embargo, el desarrollo de una política de comunicación no siempre se ha considerado consustancial con el desarrollo de una política de organización. Ahora bien, desde finales de los años 70, la comunicación interna se ha impuesto como una disciplina de gestión empresarial, primero, al mismo nivel que la gestión de recursos humanos, y posteriormente, llegando a formar parte de la estrategia de gestión global de la organización” (1997:94).
Podemos decir que la comunicación en el interior de las organizaciones siempre ha existido, pues es consustancial a la vida de las mismas en cuanto que en ellas se relacionan personas y la información circula. Pero la necesidad por parte de la empresa de gestionar esa información y la toma de conciencia por parte de ésta de la importancia de la Comunicación Interna en las organizaciones ha hecho que en los últimos años se preste especial atención a esta dimensión comunicativa de la empresa enfocándola desde un punto de vista estratégico. En este sentido, Villafañe (1993:237) señala que “la comunicación y la información en el seno de la empresa no son una moda actual, sino una respuesta, en términos de management, a la creciente complejidad de la propia empresa”.
La importancia que se le está comenzando a dar a la Comunicación Interna en la gestión estratégica de las organizaciones ha hecho que en los últimos años haya proliferado la literatura económica en este tema, interesada en resaltar el valor potencial de la Comunicación Interna en la motivación laboral y la consiguiente repercusión en los resultados finales de la empresa, su aportación al objetivo de calidad total o la consecución de un clima laboral tendente a la ausencia de conflictos, sin descuidar su relación inequívoca con la gestión de recursos humanos en la organización, relación de la que más adelante nos ocuparemos. En este sentido, el economista Carlos Ongallo asegura que “decir que una organización posee una buena comunicación interna equivale a decir que aquélla:
a) Conoce la importancia de la Comunicación Interna para lograr un mejor funcionamiento de todas las áreas de la organización.
b) Sabe atajar los conflictos que surgen en la organización de una forma clara y en ningún caso traumática.
c) Conoce cada una de las herramientas de la Comunicación Interna y las aplica según las circunstancias, sin dejar de lado ninguna de las formas de comunicación (descendente, ascendente y horizontal), y ponderando su uso según las necesidades de los miembros de la organización.
d) Es capaz de adaptar dichas herramientas a las circunstancias de la organización, innovando nuevas formas de aplicación, sin negar el uso de las nuevas tecnologías para la mejora de la comunicación entre las personas que componen la organización.
e) Es capaz de asignar recursos para la implantación y mejora de la Comunicación Interna. La organización es consciente de que, si mejora la Comunicación Interna, logrará acercar a la misma a su éxito estratégico”. (2000:7)
Evidentemente, todos los aspectos mencionados nos llevarían a una organización modélica desde el punto de vista no sólo de la Comunicación Interna sino de la Comunicación en su sentido más amplio, puesto que Comunicación Interna y Comunicación Externa son dos partes indisolubles de la Comunicación Empresarial e Institucional, ya que la Comunicación Interna es el soporte y la base de una correcta política de Comunicación Externa, y parece lógico que una organización que aplica la Comunicación Interna de un modo tan correcto haga lo mismo con la vertiente comunicativa externa.
1.1.- Funciones y objetivos de la Comunicación Interna
Para Villafañe, la principal función de la Comunicación Interna es “apoyar estructuralmente el proyecto empresarial” (1993:239). En este sentido, podemos decir que la Comunicación Interna se convierte en un factor clave a la hora de poner los cimientos para conseguir una sólida estructura empresarial, en un elemento transversal para permitir la consecución de la estrategia general de la empresa o institución.
Por tanto, al igual que la Comunicación Externa, la Comunicación Interna se convierte en un factor estratégico clave en la organización, de manera que quien ejecute, diseñe y planifique la política de comunicación de la empresa no sólo debe estar en continuo contacto con la dirección de la organización sino que debe formar parte de ésta. El éxito de las políticas de comunicación en la organización dependerá, en gran medida, de esta condición, que no siempre se cumple. Pero, además, deberá contar con una dimensión no sólo descendente, es decir, de arriba, de la dirección, abajo, al resto de personal de la organización, sino que para su adecuada puesta en marcha la Comunicación Interna debe tener también una dimensión ascendente y una dimensión transversal, que utilizarán distintas herramientas según la función que persigan.
Asimismo, los objetivos de la Comunicación nunca serán efectivos si no forman parte de una amplia estrategia comunicativa que englobe también a la Comunicación Externa. Piñuel opina que “los objetivos de la comunicación interna se integran en la política integral de la empresa cuando la comunicación interna y la comunicación externa son interdependientes y complementarias. (...) Es indispensable que las acciones de comunicación interna y comunicación externa sean desarrolladas, al menos, en coherencia unas con otras, pues el personal, fuera de las horas de trabajo, se mezcla con el gran público (...). Decir una cosa dentro de casa y la contraria fuera desacredita el discurso de la empresa en su conjunto. Por su parte, cualquier campaña de comunicación externa, conocida previamente en el interior, puede ser mucho más calurosamente aceptada o rechazada en virtud de la implicación del personal” (1997:97).
Esta afirmación de Piñuel, que puede parecer lógica y evidente, debe ser asumida por cualquier organización que pretenda poner en práctica estrategias de comunicación efectivas, y viene a corroborar la tesis de la Comunicación Interna como soporte y base de las acciones externas.
Teniendo en cuenta la función primordial de la Comunicación Interna al servicio de la estrategia integral de Comunicación, podemos considerar que sus objetivos son los siguientes:
a) La implicación del personal
b) La armonía de las acciones de la empresa
c) El cambio de actitudes
d) La mejora de la productividad
Cuando hablamos de la implicación del personal como uno de los objetivos de la Comunicación Interna, nos estamos refiriendo a una situación en la que el trabajador/a de la organización se encuentra motivado, con un sentimiento de pertenencia a ésta fruto no sólo de sus condiciones de trabajo en sentido monetario, horario, etc., sino de su información con respecto a “lo que se cuece” en su trabajo”. En grandes empresas, con descentralización de los centros de trabajo y un gran número de empleados, la Comunicación Interna será un vehículo fundamental para lograr la cohesión entre los distintos miembros de la organización, para hacerlos formar parte de un todo colectivo del cual se conocen sus objetivos. Citando a otro autor, Martín, diremos, pues, con las reservas pertinentes, que “un empleado informado es un empleado feliz y productivo” (1998:19).
Del Castillo, Bayón y Arteta aseguran, en este sentido, que “la existencia de plantillas numerosas, de múltiples centros de trabajo y de negocio, implica igualmente mayores necesidades de comunicación interna. Tanto los trabajadores como las filiales de cada empresa precisan conocer las interioridades de la misma no sólo para mejorar la eficacia de su trabajo, sino también para posibilitar una mayor integración y motivación entre los diferentes colectivos, reducir la conflictividad, evitar rumores perniciosos y humanizar la dirección acercándola a la base” (1992:112). Los mismos autores aseguran que “las pymes permiten un desarrollo espontáneo de la comunicación interna” (1992:115), que no debe descuidarse, y consolidar esa comunicación espontánea a la vez que se incorpora a un plan mucho más cuidado de gestión de la Comunicación.
También debemos tener en cuenta en este aspecto una idea básica como es la de que la información es poder, de manera que ofreciendo información al personal de una organización éste se sentirá “poderoso” en el sentido de que dispondrán de conocimientos acerca de los objetivos de su empresa y tendrán la sensación de ser algo más que una nómina para su organización. Esto, a su vez, hará que se sientan más implicados con la empresa y, posiblemente, mejore su productividad.
Respecto a la armonía de las acciones de la empresa, diremos que la Comunicación Interna instaura los cauces adecuados para que la información fluya de manera que las acciones de la organización sean coherentes y acordes con los objetivos estratégicos de ésta. Villafañe, sin embargo, va más allá y señala que “la noción de armonía implica una categoría superior (...). Mientras que la acción coherente implica el conocimiento de los objetivos estratégicos y de los planes de acción, la acción armónica exige, además, la circulación de esa información, el ascenso de la misma hacia la alta dirección de la compañía y un nuevo planteamiento por parte de ésta” (1993:241).
Cuando hablamos del cambio de actitudes como uno de los objetivos de la Comunicación Interna nos referimos a la información como motor de cambio de las organizaciones. Si estamos en un entorno económico y empresarial cambiante, con una continua adaptación a las condiciones del mercado y a la nueva economía, y marcados por las nuevas tecnologías, ¿no es acaso la Comunicación Interna un instrumento de trascendental importancia para lograr que esos cambios no sólo no sean traumáticos sino que sean asumidos por la totalidad de los miembros de la empresa?.
En este sentido, la Comunicación Interna cumple un objetivo similar al de la formación, y que no es otro que adaptar la organización a los cambios. Por esta cuestión y por la motivación e implicación de los empleados, entre otros factores, se ha considerado muy estrecha la relación entre la Comunicación Interna y los Recursos Humanos. Tanto, que en muchas empresas la responsabilidad de la Comunicación Interna recae sobre el departamento de personal o de recursos humanos, opción que, desde nuestro punto de vista, no es la más adecuada, pues si bien la relación Comunicación Interna – Recursos Humanos es continua y comparten públicos, ambas dimensiones tienen objetivos distintos, de ahí que la Comunicación Interna, por su importancia per se, deba ser gestionada por un departamento propio o englobada en el Departamento de Comunicación de la organización.
Cabrera, en Las Relaciones Públicas en la Empresa, señala que “hay épocas de crisis, de cambio de cierto calado. Es en estos periodos cuando todos esos elementos a los que nos acabamos de referir cobran especial relevancia. La empresa se juega mucho, puede que su propia supervivencia, es cuando más se precisa que todos sepan qué es lo que debe hacerse y por qué. Es precisamente cuando la empresa que no haya cuidado su Comunicación Interna no podrá distraer ni tiempo ni recursos para hacerlo”.
Nos encontramos, pues, ante la gestión de la Comunicación en momentos de crisis, y en la que la Comunicación Interna jugará un papel fundamental, pues se debe mantener informado al personal de la organización para que cuando éste salga a la calle difunda las ideas que la empresa quiere que se transmitan y no otras, convirtiéndose así en auténticos portavoces de la organización y poniendo de manifiesto la necesidad de un plan estratégico de Comunicación en el que Comunicación Interna y Comunicación Externa estén integradas bajo una dirección única.
Por otra parte, la Comunicación Interna puede resultar fundamental en la mejora de la productividad desde dos puntos de vista. Por un lado, desde la emisión por parte de la dirección y los departamentos pertinentes de la información necesaria para el desarrollo de las funciones de los trabajadores (instrucciones para los empleados, normas de la empresa, etc.), y, por otro, sensibilizando al personal respecto a los objetivos de rentabilidad de la empresa.
www.rrppnet.com.ar
Piñuel señala que “la comunicación al interior de la empresa o institución es, pues, consustancial con la organización; sin embargo, el desarrollo de una política de comunicación no siempre se ha considerado consustancial con el desarrollo de una política de organización. Ahora bien, desde finales de los años 70, la comunicación interna se ha impuesto como una disciplina de gestión empresarial, primero, al mismo nivel que la gestión de recursos humanos, y posteriormente, llegando a formar parte de la estrategia de gestión global de la organización” (1997:94).
Podemos decir que la comunicación en el interior de las organizaciones siempre ha existido, pues es consustancial a la vida de las mismas en cuanto que en ellas se relacionan personas y la información circula. Pero la necesidad por parte de la empresa de gestionar esa información y la toma de conciencia por parte de ésta de la importancia de la Comunicación Interna en las organizaciones ha hecho que en los últimos años se preste especial atención a esta dimensión comunicativa de la empresa enfocándola desde un punto de vista estratégico. En este sentido, Villafañe (1993:237) señala que “la comunicación y la información en el seno de la empresa no son una moda actual, sino una respuesta, en términos de management, a la creciente complejidad de la propia empresa”.
La importancia que se le está comenzando a dar a la Comunicación Interna en la gestión estratégica de las organizaciones ha hecho que en los últimos años haya proliferado la literatura económica en este tema, interesada en resaltar el valor potencial de la Comunicación Interna en la motivación laboral y la consiguiente repercusión en los resultados finales de la empresa, su aportación al objetivo de calidad total o la consecución de un clima laboral tendente a la ausencia de conflictos, sin descuidar su relación inequívoca con la gestión de recursos humanos en la organización, relación de la que más adelante nos ocuparemos. En este sentido, el economista Carlos Ongallo asegura que “decir que una organización posee una buena comunicación interna equivale a decir que aquélla:
a) Conoce la importancia de la Comunicación Interna para lograr un mejor funcionamiento de todas las áreas de la organización.
b) Sabe atajar los conflictos que surgen en la organización de una forma clara y en ningún caso traumática.
c) Conoce cada una de las herramientas de la Comunicación Interna y las aplica según las circunstancias, sin dejar de lado ninguna de las formas de comunicación (descendente, ascendente y horizontal), y ponderando su uso según las necesidades de los miembros de la organización.
d) Es capaz de adaptar dichas herramientas a las circunstancias de la organización, innovando nuevas formas de aplicación, sin negar el uso de las nuevas tecnologías para la mejora de la comunicación entre las personas que componen la organización.
e) Es capaz de asignar recursos para la implantación y mejora de la Comunicación Interna. La organización es consciente de que, si mejora la Comunicación Interna, logrará acercar a la misma a su éxito estratégico”. (2000:7)
Evidentemente, todos los aspectos mencionados nos llevarían a una organización modélica desde el punto de vista no sólo de la Comunicación Interna sino de la Comunicación en su sentido más amplio, puesto que Comunicación Interna y Comunicación Externa son dos partes indisolubles de la Comunicación Empresarial e Institucional, ya que la Comunicación Interna es el soporte y la base de una correcta política de Comunicación Externa, y parece lógico que una organización que aplica la Comunicación Interna de un modo tan correcto haga lo mismo con la vertiente comunicativa externa.
1.1.- Funciones y objetivos de la Comunicación Interna
Para Villafañe, la principal función de la Comunicación Interna es “apoyar estructuralmente el proyecto empresarial” (1993:239). En este sentido, podemos decir que la Comunicación Interna se convierte en un factor clave a la hora de poner los cimientos para conseguir una sólida estructura empresarial, en un elemento transversal para permitir la consecución de la estrategia general de la empresa o institución.
Por tanto, al igual que la Comunicación Externa, la Comunicación Interna se convierte en un factor estratégico clave en la organización, de manera que quien ejecute, diseñe y planifique la política de comunicación de la empresa no sólo debe estar en continuo contacto con la dirección de la organización sino que debe formar parte de ésta. El éxito de las políticas de comunicación en la organización dependerá, en gran medida, de esta condición, que no siempre se cumple. Pero, además, deberá contar con una dimensión no sólo descendente, es decir, de arriba, de la dirección, abajo, al resto de personal de la organización, sino que para su adecuada puesta en marcha la Comunicación Interna debe tener también una dimensión ascendente y una dimensión transversal, que utilizarán distintas herramientas según la función que persigan.
Asimismo, los objetivos de la Comunicación nunca serán efectivos si no forman parte de una amplia estrategia comunicativa que englobe también a la Comunicación Externa. Piñuel opina que “los objetivos de la comunicación interna se integran en la política integral de la empresa cuando la comunicación interna y la comunicación externa son interdependientes y complementarias. (...) Es indispensable que las acciones de comunicación interna y comunicación externa sean desarrolladas, al menos, en coherencia unas con otras, pues el personal, fuera de las horas de trabajo, se mezcla con el gran público (...). Decir una cosa dentro de casa y la contraria fuera desacredita el discurso de la empresa en su conjunto. Por su parte, cualquier campaña de comunicación externa, conocida previamente en el interior, puede ser mucho más calurosamente aceptada o rechazada en virtud de la implicación del personal” (1997:97).
Esta afirmación de Piñuel, que puede parecer lógica y evidente, debe ser asumida por cualquier organización que pretenda poner en práctica estrategias de comunicación efectivas, y viene a corroborar la tesis de la Comunicación Interna como soporte y base de las acciones externas.
Teniendo en cuenta la función primordial de la Comunicación Interna al servicio de la estrategia integral de Comunicación, podemos considerar que sus objetivos son los siguientes:
a) La implicación del personal
b) La armonía de las acciones de la empresa
c) El cambio de actitudes
d) La mejora de la productividad
Cuando hablamos de la implicación del personal como uno de los objetivos de la Comunicación Interna, nos estamos refiriendo a una situación en la que el trabajador/a de la organización se encuentra motivado, con un sentimiento de pertenencia a ésta fruto no sólo de sus condiciones de trabajo en sentido monetario, horario, etc., sino de su información con respecto a “lo que se cuece” en su trabajo”. En grandes empresas, con descentralización de los centros de trabajo y un gran número de empleados, la Comunicación Interna será un vehículo fundamental para lograr la cohesión entre los distintos miembros de la organización, para hacerlos formar parte de un todo colectivo del cual se conocen sus objetivos. Citando a otro autor, Martín, diremos, pues, con las reservas pertinentes, que “un empleado informado es un empleado feliz y productivo” (1998:19).
Del Castillo, Bayón y Arteta aseguran, en este sentido, que “la existencia de plantillas numerosas, de múltiples centros de trabajo y de negocio, implica igualmente mayores necesidades de comunicación interna. Tanto los trabajadores como las filiales de cada empresa precisan conocer las interioridades de la misma no sólo para mejorar la eficacia de su trabajo, sino también para posibilitar una mayor integración y motivación entre los diferentes colectivos, reducir la conflictividad, evitar rumores perniciosos y humanizar la dirección acercándola a la base” (1992:112). Los mismos autores aseguran que “las pymes permiten un desarrollo espontáneo de la comunicación interna” (1992:115), que no debe descuidarse, y consolidar esa comunicación espontánea a la vez que se incorpora a un plan mucho más cuidado de gestión de la Comunicación.
También debemos tener en cuenta en este aspecto una idea básica como es la de que la información es poder, de manera que ofreciendo información al personal de una organización éste se sentirá “poderoso” en el sentido de que dispondrán de conocimientos acerca de los objetivos de su empresa y tendrán la sensación de ser algo más que una nómina para su organización. Esto, a su vez, hará que se sientan más implicados con la empresa y, posiblemente, mejore su productividad.
Respecto a la armonía de las acciones de la empresa, diremos que la Comunicación Interna instaura los cauces adecuados para que la información fluya de manera que las acciones de la organización sean coherentes y acordes con los objetivos estratégicos de ésta. Villafañe, sin embargo, va más allá y señala que “la noción de armonía implica una categoría superior (...). Mientras que la acción coherente implica el conocimiento de los objetivos estratégicos y de los planes de acción, la acción armónica exige, además, la circulación de esa información, el ascenso de la misma hacia la alta dirección de la compañía y un nuevo planteamiento por parte de ésta” (1993:241).
Cuando hablamos del cambio de actitudes como uno de los objetivos de la Comunicación Interna nos referimos a la información como motor de cambio de las organizaciones. Si estamos en un entorno económico y empresarial cambiante, con una continua adaptación a las condiciones del mercado y a la nueva economía, y marcados por las nuevas tecnologías, ¿no es acaso la Comunicación Interna un instrumento de trascendental importancia para lograr que esos cambios no sólo no sean traumáticos sino que sean asumidos por la totalidad de los miembros de la empresa?.
En este sentido, la Comunicación Interna cumple un objetivo similar al de la formación, y que no es otro que adaptar la organización a los cambios. Por esta cuestión y por la motivación e implicación de los empleados, entre otros factores, se ha considerado muy estrecha la relación entre la Comunicación Interna y los Recursos Humanos. Tanto, que en muchas empresas la responsabilidad de la Comunicación Interna recae sobre el departamento de personal o de recursos humanos, opción que, desde nuestro punto de vista, no es la más adecuada, pues si bien la relación Comunicación Interna – Recursos Humanos es continua y comparten públicos, ambas dimensiones tienen objetivos distintos, de ahí que la Comunicación Interna, por su importancia per se, deba ser gestionada por un departamento propio o englobada en el Departamento de Comunicación de la organización.
Cabrera, en Las Relaciones Públicas en la Empresa, señala que “hay épocas de crisis, de cambio de cierto calado. Es en estos periodos cuando todos esos elementos a los que nos acabamos de referir cobran especial relevancia. La empresa se juega mucho, puede que su propia supervivencia, es cuando más se precisa que todos sepan qué es lo que debe hacerse y por qué. Es precisamente cuando la empresa que no haya cuidado su Comunicación Interna no podrá distraer ni tiempo ni recursos para hacerlo”.
Nos encontramos, pues, ante la gestión de la Comunicación en momentos de crisis, y en la que la Comunicación Interna jugará un papel fundamental, pues se debe mantener informado al personal de la organización para que cuando éste salga a la calle difunda las ideas que la empresa quiere que se transmitan y no otras, convirtiéndose así en auténticos portavoces de la organización y poniendo de manifiesto la necesidad de un plan estratégico de Comunicación en el que Comunicación Interna y Comunicación Externa estén integradas bajo una dirección única.
Por otra parte, la Comunicación Interna puede resultar fundamental en la mejora de la productividad desde dos puntos de vista. Por un lado, desde la emisión por parte de la dirección y los departamentos pertinentes de la información necesaria para el desarrollo de las funciones de los trabajadores (instrucciones para los empleados, normas de la empresa, etc.), y, por otro, sensibilizando al personal respecto a los objetivos de rentabilidad de la empresa.
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